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Religión proviene del término “religare”, es decir, el objetivo fundamental de todo principio religioso es “re-ligarse”, volverse a unir con su propia divinidad, regresar al punto de partida original, al Ser de la filosofía experimental.

Todas las Religiones del mundo hablan la ILUMINACIÓN INTERIOR PROFUNDA.

Los Budistas en el Asia, por ejemplo, añoran la Iluminación, quieren la Iluminación; sin embargo, esto no es posible hasta que se logre el DESPERTAR DE LA CONCIENCIA; una Conciencia despierta es una Conciencia iluminada, una Conciencia revolucionaria, rebelde, cariñosa, sublime, terriblemente divina.

Es lástima que las Sagradas Escrituras de todas las religiones hayan sido adulteradas.

Bien sabemos que hasta el mismo Esdras no dejó de alterar un poco el Pentateuco en la Biblia hebraica.

Si hacemos un estudio comparativo de las grandes religiones descubriremos que todas ellas descansan sobre los mismos pilares.

Realmente, de hecho, solo existe una sola religión, única y cósmica.

Esta religión asume diferentes formas religiosas según los tiempos y las necesidades de la humanidad.

Resultan, pues, absurdas las luchas religiosas, porque en el fondo todas son únicamente modificaciones de la Religión Cósmica Universal.

Esto que estamos afirmando tiene su máximo exponente en la enorme similitud simbólica y teológica de todas las religiones.

Es ostensible el amor que todas las místicas instituciones del mundo entero sienten por lo divinal: Alá, Brahma, Tao, Zen, I.A.O., INRI, Mónada, Ser, Dios, etc., etc., etc.

Los mártires, santos, vírgenes, ángeles y querubines son los mismos dioses, semidioses, titanes, sílfides, cíclopes y mensajeros de la mitología pagana.

La Trimurti cristiana, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tiene su exponente en todas las Trimurtis religiosas: Osiris, Isis y Horus en Egipto; Brahma, Vishnu y Shiva en la India; Kether, Chokmah y Binah en la Kábala, etc. Todos los cultos tienen sus Cielos (las dimensiones superiores o Aeones de la Kábala hebraica) y su contraparte, los Infiernos, conocidos también como Avernus (romano), Tártaro (griego), Patala (indostánico), Mictlán (azteca), Xibalbá (maya), etc.

Jesús el Cristo es representado entre los persas por Ormuz, Ahuramazda, el terrible enemigo de Ahrimán (Satán), que llevamos dentro. Entre los indostanos es Krishna el Cristo, y el Evangelio de Krishna es muy semejante al de Jesús de Nazareth. Entre los egipcios Cristo es Osiris, y todo aquel que lo encarnaba era de hecho un Osirificado. Entre los chinos es Fu-Hi el Cristo Cósmico, quien compuso el I-Ching, libro de las mutaciones, y nombró ministros Dragones. Entre los griegos el Cristo se llama Zeus (el Júpiter romano), el padre de todos los dioses. Entre los aztecas es Quetzalcóatl, el Cristo mexicano. Entre los Eddas germanos es Balder, el Cristo que fue asesinado por Hoder, dios de la guerra, con una flecha de muérdago, etc.

Así podríamos citar al Cristo Cósmico en millares de libros arcaicos y viejas tradiciones que vienen de millones de años antes de Jesús...

María, la Madre de Jesús, es la misma Isis, Juno, Deméter, Ceres, Maia, Tonantzin, etc., que reciben a su hijo en una inmaculada concepción. Fu-Hi, Quetzalcóatl, Buddha, y muchos otros, son el resultado de inmaculadas concepciones. Estas abundan realmente en todos los cultos antiguos.

La María Magdalena es, fuera de toda duda, la misma Salambo, Matra, Ishtar, Astarté, Afrodita y Venus de todas las religiones. María Magdalena, la pecadora arrepentida, es la misma Gundrigia, Kundri, en el drama wagneriano.

Todos los cultos antiguos han intentado conducir al hombre a la única Gran Verdad, y es de esto que resulte asombroso el gran parecido de todas las formas religiosas, la repetición de símbolos, de ideas, etc.

Escuchar frases como: “Yo tengo la verdad” ,o “Mi religión es la única que sirve”, resulta en gran manera soberbio y denota supina ignorancia.

Sin embargo, siguiendo este orden de ideas debemos tener en cuenta algo en extremo importante: todos los preceptos, enseñanzas e indicaciones de los cultos religiosos de nada servirían si uno no los experimenta en sí mismo...

Por eso en cuestión de religión nosotros estudiamos la religiosidad en su forma más profunda. La Gnosis estudia la ciencia de las religiones. La religiosidad que nosotros poseemos es altamente científica. No se conforma la Gnosis con aceptar la existencia de un Dios sentado en un trono juzgando a los vivos y a los muertos. El gnóstico crea la fe de la experiencia, de la vivencia, de la comprobación, no de las teorías.

Por estos tiempos en que vivimos la religión se divorció de la ciencia, y la ciencia de la religión. Unos luchan contra otros, los otros contra los unos. Todos se sienten en la posesión de la verdad, nadie se siente equivocado.

Sin embargo, la religión que desprecia a la ciencia es una religión hueca, fanática y dogmática en un ciento por ciento. La ciencia que rechaza a la religión es una ciencia materialista, ateísta, carente en su totalidad de valores y principios.

No está en los opuestos el bálsamo que busca el que anhela la verdad.

Tesis y antítesis deben brincar hacia la síntesis. Debemos entrar en un espiritualismo científico y en una ciencia espiritual. Hay necesidad de dejar a un lado el dualismo conceptual, es urgente e inaplazable afiliarnos a un monismo trascendental; se necesita de una ciencia religiosa y de una religión científica.

 
 

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