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  ¿Qué es Karma?
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  ¿Se puede negociar el Karma?
  ¿Cómo pago mi Karma?
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  ¿Existe el perdón de los pecados?
 

Antes de esta vida que tenemos actualmente tuvimos no solo una pasada existencia, sino muchas otras. Cada cual nace de acuerdo con su propio destino; unos nacen en familias ricas y muy adineradas, y otros regresan o retornan entre gentes pobres y miserables.      

Si hicimos bien en nuestra pasada existencia recogemos ahora el premio, volvemos a hogares donde nada nos falta y tendremos comodidades de toda especie.

Si hicimos mal, si malgastamos el dinero, si fuimos avaros, si explotamos al prójimo, si cometimos el error de robar o de arruinar a otros, si hicimos mal uso del dinero, es evidente que nos toca volver entre familias miserables, vestidos con cuerpos de mendigos, infelices, hambrientos y desnutridos. Así cada cual recoge el fruto de sus propias acciones.

Es bueno saber también que cuando hemos eliminado radicalmente el Ego, la posibilidad de delinquir queda aniquilada, y en consecuencia, el Karma puede ser perdonado.

La Ley del Karma, la Ley de la Balanza Cósmica, no es una ley ciega; también se puede solicitar crédito a los Maestros del Karma, y esto es algo que muchos ignoran. Empero es urgente saber que todo crédito hay que pagarlo con buenas obras, y si no se paga, entonces la Ley lo cobra con supremo dolor.

Necesitamos hacernos conscientes de nuestro propio Karma, y eso sólo es posible mediante el “estado de alerta novedad”. Todo efecto de la vida, todo acontecimiento, tiene su causa en una vida anterior, pero necesitamos hacernos conscientes de eso.

Todo momento de alegría o dolor debe ser continuado en meditación con mente quieta y en profundo silencio. El resultado viene a ser la experimentación del mismo suceso en una vida anterior. Entonces hacemos conciencia de la causa del hecho, ya sea este agradable o desagradable.

El Jefe de los Sacerdotes del Tribunal del Karma es el Gran Maestro Anubis. El Supremo Juez está asesorado en su trabajo por los Cuarenta y Dos Jueces de la Ley.

El Templo de Anubis, el Supremo Regente del Karma, no se encuentra en este mundo tridimensional, sino en la quinta dimensión, en el llamado mundo causal.

En ese tribunal sólo reina el terror de amor y justicia. En él existe un libro con su debe y haber para cada hombre, en el que se anotan minuciosamente a diario sus buenas y malas acciones. Las buenas las representan raras monedas que los Maestros acumulan en beneficio de los hombres y mujeres que las ejecutan.

Quien despierta Conciencia puede viajar en sus cuerpos internos fuera del cuerpo físico a plena voluntad consciente y estudiar en el Templo de Anubis y sus Cuarenta y Dos Jueces su propio Libro del Destino.

El Derecho romano tiene como símbolos de la Justicia la balanza y la espada. No es, pues, extraño que en el Palacio de Anubis, el Gran Arconte de la Ley, se vean por doquiera balanzas y espadas.

En ese Tribunal también se encuentran abogados defensores. Pero todo se paga. Nada se consigue regalado. “El que tiene buenas obras paga y sale bien librado en los negocios”. Los créditos solicitados se pagan con trabajos desinteresados e inspirados en amor hacia los que sufren.

“Ley es Ley, y la Ley se cumple”. “La ignorancia de la Ley no excluye su cumplimiento”. El peor pecado es la ignorancia.

Los Maestros del Karma son Jueces de Conciencia que viven en estado de Jinas. Tenemos que hacer constantemente buenas obras para que tengamos con qué pagar nuestras deudas de esta y de vidas pasadas.

Todos los actos del hombre están regidos por leyes, superiores unas, inferiores otras. En el amor se resumen todas las leyes superiores.

Un acto de amor anula actos pretéritos inspirados en leyes inferiores.

Por eso hablando del amor, dice el Maestro Pablo: “El amor es sufrido, bueno; no envidia, no se ensancha, no injuria, no busca lo suyo, no se irrita; no se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Cuando ofician como Jueces, los Maestros del Karma usan la máscara sagrada en forma de cabeza de chacal o lobo emplumado, emblema de la verdad; con ella se presentan a los Iniciados en los Mundos Internos. Esa es la crueldad de la ley del amor.

Negociar con los Señores de la Ley es posible a través de la meditación: orad, meditad y concentraos en Anubis, el Regente más exaltado de la buena Ley.

Para el indigno todas las puertas están cerradas, menos una, la del arrepentimiento... Pedid y se os dará, golpead y se os abrirá...

Los Tribunales de la Justicia objetiva juzgan a las almas por las obras, por los hechos concretos, claros y definitivos, y no por las buenas intenciones.

Axiomas:

*No solamente se paga Karma por el mal que se hace, sino por el bien que se deja de hacer pudiéndose hacer.

*Cada mala acción es una letra que firmamos para pagar en la existencia siguiente.

*Cuando una ley inferior es trascendida por una ley superior, la ley superior lava la ley inferior.

*Que nadie se engañe a sí mismo; lo que el hombre sembrare eso cosechará, y sus obras lo seguirán.

Cuando el Alma Humana se une con el Íntimo ya no tiene Karma por pagar, porque cuando una ley inferior es trascendida por una ley superior, la ley superior lava la ley inferior.

El peor género de enfermedades son aquellas engendradas por Karma. La viruela es el resultado del odio. La difteria es el fruto de las fornicaciones de pasadas vidas. El cáncer es también el resultado de la fornicación. La tuberculosis o peste blanca es el resultado del ateísmo y materialismo en pasadas vidas. La crueldad engendra la ceguera de nacimiento.

El raquitismo es hijo del materialismo. La malaria proviene del egoísmo, etc. Centenares de otras enfermedades tienen su origen en las malas acciones de nuestras pasadas vidas.

 

 
 

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