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Extractos del libro "Mirando al Misterio" de Samael Aun Weor
 
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Psicología Revolucionaria
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Educación Fundamental
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Revolución de la Dialéctica
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El Matrimonio Perfecto
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La Gran Rebelión
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Los Misterios Mayores
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Mirando al Misterio
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Si hay Infierno, Si hay Diablo, Si hay Karma
 

Es ostensible que los desencarnados piensan siempre que están vivos pues nada extraño encuentran al morir. Ellos ven siempre el mismo sol, las mismas nubes, las mismas aves ensayando el vuelo desde los tupidos sauces del jardín. Los llamados muertos, después del gran paso, deambulan por las calles de la ciudad o por los distintos sectores del suburbio donde fallecieron. Normalmente continúan con su trabajo cotidiano, y se sientan a la mesa en su casa y hasta se dan el lujo de acostarse en su lecho, jamás pensarían que han pasado al Más Allá. Ellos se sienten viviendo aquí y ahora.

Si los seres humanos reconquistaran la inocencia en la mente y en el corazón es incuestionable que recobrarían la divina Clarividencia, el poder de ver lo oculto, lo misterioso, lo desconocido.

Los Ángeles del Destino depositan en nuestros tres cerebros determinado capital de valores vitales. Es claro que si los malgastamos, si acabamos con dicha fortuna, el viaje por el camino de  la existencia será interrumpido prontamente; mas si los ahorramos, nuestro viaje podrá hacerse largo y así llegaremos hasta la ancianidad.

El deseo de vivir es muy grande; todos los seres humanos quieren vivir, están apegados a la vida sensual. Es obvio que la adhesión, el apego, el deseo de existencia material nos tienen fascinados; en estas condiciones de ninguna manera queremos morir, tenemos miedo a la muerte, no queremos dejar de existir. Si las gentes basándose en comprensión perdieran el deseo de vida material, entonces el temor a la muerte desaparecería. Uno llega a perder tal temor cuando comprende lo ilusorio de la existencia, cuando ve que nada en este mundo es permanente. Pasan las ideas, las cosas y las personas.

Tres caminos se abren ante el desencarnado: Primero, unas vacaciones en las regiones luminosas del espacio infinito antes de volver a tomar cuerpo. Segundo, volver a una nueva matriz en forma inmediata o después de algún tiempo. Tercero: entrar en los mundos infiernos dentro del interior del planeta en que vivimos.

A las criaturas del fuego, desde los tiempos más antiguos, se les conocía con el nombre de Salamandras; a los Elementales del aire se les designa con el nombre de Silfos; a los seres del agua se les llama Ondinas, Nereidas, Sirenas. A las criaturas que viven entre las rocas de la tierra se les bautizó con el nombre de Pigmeos, Gnomos, etc. Es ostensible que la forma de estas criaturas varía muchísimo. Las criaturas del fuego son delgadas y secas, muy semejantes al chapulín o grillo, aunque de tamaño mucho más grande. Las criaturas del aire parecen niños pequeños muy hermosos con rostros sonrosados como la aurora. Los Elementales del agua tienen diversas formas; algunas parecen como damas inefables, felices entre las olas del inmenso mar, otras tienen formas de sirenas-peces, con cabeza de mujer, y por último hay Ondinas que juegan con las nubes o moran en los lagos y ríos que se precipitan entre sus lechos de rocas. Los Gnomos de la tierra, los Pigmeos, parecen ancianos con su luenga barba blanca y continente ceremonioso. Ellos viven normalmente en las minas de la tierra o cuidan los tesoros que por ahí subyacen escondidos.

Si hicimos bien en nuestra pasada existencia, recogemos ahora el premio, volvemos a hogares donde nada nos falta y tendremos comodidades de toda especie. Si hicimos mal, sin malgastamos el dinero, si fuimos avaros, si explotamos al prójimo, si cometimos el error de robar o de arruinar a otros, si hicimos mal uso del dinero, es evidente que nos toca volver entre familias miserables, vestidos con cuerpos de mendigos, infelices, hambrientos y desnutridos. Así cada cual recoge el fruto de sus propias acciones.

Uno debe esforzarse en hacer obras de caridad, vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, enseñar al que no sabe, etc., para que en su futuro retorno, para que de regreso a la Tierra después de la muerte, renazca en lugares bellos, hermosos, entre gentes de buenas costumbres, con mucha abundancia, paz y prosperidad.

Los Ángeles de la Vida tienen figuras de niños, saben mucho de medicina oculta, tienen poder sobre las aguas de la existencia, sobre la matriz, sobre el líquido amniótico, sobre los órganos creadores, y viven normalmente en la Cuarta Dimensión, en el Mundo Etérico.

Vosotros debéis comprender lo que es la Ley de la Compensación; todo lo que se hace hay que pagarlo, pues no existe causa sin efecto ni efecto sin causa. Se nos ha dado libertad, libre albedrío y podemos hacer lo que queramos, pero es claro que tenemos que responder ante Dios por todos nuestros actos.

“No solamente se paga Karma por el mal que se hace, sino por el bien que se deja de hacer pudiéndose hacer”.

“Al León de la Ley se combate con la balanza”. Si en un platillo de la
balanza ponemos nuestras buenas obras y en el otro ponemos las malas, ambos platillos pesarán iguales o habrá algún desequilibrio. Si el platillo de las malas acciones pesa más, debemos poner buenas obras en el platillo de las buenas acciones con el propósito de inclinar la balanza a nuestro favor; Así cancelamos Karma. “Haced buenas acciones para que paguéis vuestras deudas”; recordad que no solamente se paga con dolor; también se puede pagar haciendo el bien.

 

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