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Una de las grandes batallas aún no resueltas por el hombre contemporáneo, viene a ser aquella referente a la resolución de la pregunta sobre ¿cuáles son los orígenes de la humana especie? Ante este laberinto se han encontrado, durante milenios, posiciones filosóficas, religiosas y obviamente científicas. Resulta un verdadero rompecabezas chino el intentar, a la luz de la ciencia contemporánea, resolver el citado enigma y a pesar de los avances tecnológicos, el problema de nuestros orígenes ha estado siempre vigente a pesar de la multitud de congresos celebrados con el fin de llegar a un acuerdo lógico y sensato.
Con la aparición del gnosticismo, en manos del Venerable Maestro Samael Aun Weor, se ha producido una revolución dialéctica que cada vez se irá acentuando mucho más hasta llegar a estratos científicos, religiosos y filosóficos. La Gnosis, como conocimiento revelador y libre de dogmatismos de toda especie, ha hecho su aparición y su consecuente aportación trascendental con respecto a esta incógnita ancestral. |

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De un lado, los antropólogos y arqueólogos materialistas y enemigos gratuitos del Eterno, pretenden hacer valer su tesis acerca de la generación espontánea y el evolucionismo darwiniano, sin encontrar todavía el cacareado «ESLABÓN PERDIDO» que conectaría al simio con el homo sapiens. |
De la otra orilla, los fanáticos clericales promulgan la creación de todo, incluyendo al hombre, partiendo de un drama que a secas resulta incongruente e ilógico si no se mira a través de la significación oculta de las alegorías religiosas.
El Venerable Maestro Samael, ha planteado al mundo, en cambio, la tesis ecléctica que reconcilia a los opuestos relacionados con esta temática, vale decir, la ciencia y la religión. El proceso, amable lector, de la creación –y dentro de ella la del hombre–, implica la concurrencia de una serie de fuerzas e inteligencias, merced a las cuales todo esto que hoy nos rodea ha sido posible, y es lo que constituye en términos sánscritos el «MAHA-MANVANTARA», o Gran Día Cósmico en el que estamos.
«ANTROPOLOGÍA GNÓSTICA» –obra del Venerable Maestro Samael– explica, por fin, los resortes secretos de la creación y hasta da detalles que permiten la aclaración de una larga serie de interrogantes, frecuentemente surgidos en el ambiente intelectual y científico acerca de este tema. |
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Todas las civilizaciones del remoto pasado poseen en común una historia alegórica, simbólica, acerca del drama de la aparición de la humanidad sobre la Tierra, acerca de las razas habidas y por haber en el futuro, empero, lamentablemente, cada vez que los arqueólogos tratan de comprender el hondo significado de aquellos vestigios que en silencio guardan tremendas verdades, tropiezan con la roca del materialismo histórico y del materialismo dialéctico o, sino, terminan enfrentados con posiciones ortodoxas y recalcitrantes de carácter religioso dogmático.
Qué hacer ante esta disyuntiva?, se preguntará el inquieto lector; y nosotros respondemos apelando a las propias palabras del Padre de la Antropología Gnóstica: el Dr. Samael Aun Weor. Veamos:
«Sin una previa información sobre antropología gnóstica, sería algo más que imposible el estudio riguroso de las diversas piezas antropológicas de las culturas azteca, tolteca, maya, egipcia, etc.
En cuestiones de antropología profana, dispénsenme la similitud, si se quiere conocer resultados, déjese en plena libertad a un mono, simio, mico o chango, dentro de un laboratorio y obsérvese luego lo que sucede. |
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Los códices mexicanos, papiros egipcios, ladrillos asirios, rollos del Mar Muerto, extraños pergaminos, así como ciertos templos antiquísimos, sagrados monolitos, viejos jeroglíficos, pirámides, sepulcros milenarios, etc., ofrecen en su profundidad simbólica un sentido gnóstico que definitivamente escapa a la interpretación literal y que nunca ha tenido un valor explicativo de índole exclusivamente intelectual. |
El racionalismo especulativo, en vez de enriquecer el lenguaje gnóstico, lo empobrece lamentablemente, ya que los relatos gnósticos, escritos o alegorizados en cualquier forma artística, se orientan siempre hacia el Ser.
Y es en este interesantísimo lenguaje semifilosófico y semimitológico de la Gnosis, en el que se presentan una serie de invariantes extraordinarias, símbolos con fondo esotérico trascendental que en silencio dicen mucho. Bien saben los divinos y los humanos que “el Silencio es la elocuencia de la Sabiduría”. |
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Los antropólogos gnósticos, en vez de reír escépticos, como los antropólogos profanos, ante las representaciones de Dioses y Diosas de los diversos panteones azteca, maya, olmeca, tolteca, inca, chibcha, druida, egipcio, hindú, caldeo, fenicio, mesopotámico, persa, romano, tibetano, etc., etc., etc., caemos prosternados a los pies de esas Divinidades, porque en ellas reconocemos al Elohim creador del Universo. “Quien ríe de lo que desconoce, está en el camino de ser idiota”.
Todas las naciones tienen a su primer Dios o Dioses como andróginos. No podía ser de otro modo, puesto que consideraban a sus lejanos progenitores primitivos, a sus antecesores de doble sexo, como Seres divinos y Dioses santos, lo mismo que hacen hoy los chinos.
En efecto, la concepción artificiosa de un Jehová antropomórfico, exclusivista, independiente de su misma obra, sentado allá arriba en un trono de tiranía y despotismo, lanzando rayos y truenos contra este triste hormiguero humano, es el resultado de la ignorancia, mera idolatría intelectual.
Lo que los gnósticos de todos los tiempos han rechazado, no es al Dios desconocido, Uno y siempre presente en la naturaleza, o la naturaleza In Abscondito, sino al Dios del dogma ortodoxo, a la espantosa Deidad vengativa de la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente).
El Espacio Abstracto Absoluto, el Dios incognoscible, no es ni un vacío sin límites, ni una plenitud condicionada, sino ambas cosas a la vez.
El gnóstico esoterista acepta la revelación como procedente de Seres divinos, las vidas manifestadas; pero jamás de la Vida Una no manifestada.
Esta causa infinita y eterna, hállase, por descontado, desprovista de toda clase de atributos. Es luz negativa, existencia negativa; está fuera del alcance de todo pensamiento o especulación. |

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El autor del mundo de las formas es, pues, un grupo místico de creadores macho-hembras o Dioses dobles, como Tláloc, el Dios de las lluvias y de los rayos y su esposa Chalchiuhtlicue, la de la falda de jade en los panteones maya, azteca, olmeca, zapoteca, etc., etc., etc. |

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En la palabra Elohim (Elojim) encontramos una clave trascendental que nos invita a la reflexión. Ciertamente, Elojim, con “j” se traduce como Dios en las diversas versiones autorizadas y revisadas de la Biblia. Es un hecho incontrovertible, no solamente desde el punto de vista esotérico, sino también lingüístico, que el término Elojim, es un nombre femenino con una terminación plural masculina. La traducción correcta, strictu sensu, del nombre Elohim, o mejor dijéramos Elojim, pues en hebreo la “h” suena como “j”, es Diosas y Dioses.
Y el Espíritu de los principios masculino y femenino se cernía sobre la superficie de lo informe, y la creación tuvo lugar.
Incuestionablemente, una religión sin Diosas está a mitad del completo ateísmo».
Estas explicaciones, genéricas, que ofrecemos al lector, pretenden dar una idea muy sintética sobre la profundidad teológica y ontológica que acerca de la divinidad posee la Gnosis de todos los tiempos.
Obviamente, para hacer un juicio más completo, el lector deberá estudiar, si así le interesase, la obra «LA DOCTRINA SECRETA DE ANÁHUAC» y asimismo esotra llamada «ANTROPOLOGÍA GNÓSTICA», ambas brotadas de la singular pluma del Maestro Samael. Con tal estudio, podría comprender el lector el porqué, para poder aproximarnos a una conciliación religiosa en torno a las alegorías ancestrales que tratan sobre la aparición de la raza humana sobre la faz de la Tierra, es menester no interpretar a la «letra muerta» los términos de los distintos libros sagrados que constituyen los génesis de las diversas culturas de todas las latitudes. |
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